Aliado Feminista: ¿puede un hombre ser feminista?

He pasado varios días en los que, de una u otra forma, surgían dudas y debates en torno al papel de los hombres en el apoyo al feminismo, ya sea hablando en general, desde el análisis de mi propio papel o del de otros hombres.

La mayoría de las conversaciones en este sentido han surgido a raiz de las tendencias en los comentarios de la sección de una conocida tuitera feminista, @Barbijaputa, en eldiario.es, donde, pese a poder considerarse un espacio feminista, la mayoría de los participantes, o al menos los más activos, ya sean defensores de una idea, de la contraria o, realmente, de ninguna, somos hombres, por lo que, justo hoy, y en respuesta a esa invasión de espacios, se está llevando a cabo, en los comentarios de su último escrito, la iniciativa #TomaElDiario.

Hay personas, como Sara*, de la que comparto un texto que ella ha escrito a través de varios tweets, que saben ser oportunas aún sin proponérselo, explicando, probablemente mejor de lo que yo podría hacerlo, mi opinión al respecto:

Por qué considero que los hombres son aliados y no propiamente feministas:

El feminismo es un movimiento social y político que supone la toma de conciencia de las mujeres de la opresión que sufren para eliminarla, es decir, el feminismo es una lucha creada por la mujer para liberar a la mujer, ya que ésta ha sido oprimida históricamente por ello.

Históricamente, las mujeres han sido quienes han luchado contra sus propias cadenas porque son las que sufren la opresión. El feminismo es un movimiento por y para mujeres porque ellas son quienes deben luchar por su libertad, dirigir y protagonizar el movimiento.

Un hombre, por mucho que quiera ponerse en el lugar de una mujer, nunca va a saber lo que es sufrir por la condición de mujer. Puede mostrar empatía, puede solidarizarse con la lucha, pero nunca va a ser víctima directa de la misoginia, y digo directa porque pueden afectarle los roles de género, pero siempre va a ser a costa de la mujer; nosotras somos la razón por la que a un hombre se le ataca con machismo; nosotras somos el insulto, ellos reciben de manera indirecta la consecuencia de que lo femenino sea malo. Es la consecuencia de tener ciertos privilegios, son como “efectos secundarios”, pero no constituye opresión real por ser hombres.

Un hombre, al no estar oprimido por su condición de hombre, no puede liderar un movimiento que lucha contra una opresión que no sufre; un hombre, al no ser mujer, no puede liderar un movimiento que lucha contra la opresión que sufren las mujeres por serlo. Quienes deben llevar la voz, quienes deben liderar el movimiento y tomar decisiones, quienes lo representan, son quienes quieren libertad, y quienes quieren libertad son los oprimidos, en este caso las mujeres, así que somos nosotras quienes debemos protagonizar el movimiento.

Creo en el término aliado como el más adecuado para definir la posición del hombre en el feminismo porque su posición es secundaria, porque no participa activamente como lo haría una mujer, sino que su papel debe limitarse a escuchar, deconstruirse y formarse. Un hombre debe transformar su entorno y hacerlo feminista, un espacio seguro para la mujer, no debe preocuparse por ser el protagonista.

Y si veis esto como ignorar al hombre, es que habéis asimilado que al hombre le pertenecen todos los espacios en todos los ámbitos. Todos hemos asimilado el androcentrismo, rechazamos ver un espacio en el que el hombre no lleva la voz sino que es la mujer quien habla. Rechazamos la idea de que un hombre tenga que tener un papel pasivo en una lucha porque históricamente le han pertenecido todos los ámbitos.

Aliado es alguien que apoya una causa pero sin apropiarse de ella; alguien que empatiza pero sabe que jamás sabrá lo que siente el oprimido; alguien que sabe que las cosas pueden observarse desde fuera pero que nunca las verá con los mismos ojos que alguien que está dentro.

Personalmente, creo en el concepto de aliado porque creo que el hombre, al estar en posición de privilegio, tarda más en deconstruirse, porque siempre quedan conductas que muchas veces no percibimos pero pueden ser paternalistas o misóginas y las hemos asimilado, porque puedes pensar que estás haciendo algo bien pero no escuchar cuando te señalan conductas y eso no es propio de feministas, porque, al estar en posición privilegiada, lo tienes fácil para hacer uso de tus privilegios, incluso sin ser consciente de ello.

Al haber vivido toda tu vida teniendo X privilegios no es fácil desprenderse de ellos, el oprimido es quien detecta cuándo abusas de ellos. Las personas blancas somos aliadas de la lucha antirracista porque estamos en posición de privilegio y tenemos conductas interiorizadas, al igual que los hombres son aliados de la lucha feminista y los heteros de la LGTB+, por la misma razón: conductas interiorizadas de las que no es sencillo desprenderse y mucho menos estando en posición de privilegio respecto al oprimido.

FUENTE: twitter.com/superchenoista/status/726107637373394945


Debo admitir que alguna vez yo sí me describo como feminista, más que nada, porque no me confundan con quien dice “yo no soy feminista, yo creo en la igualdad” (que me suena igual que si alguien dijese “yo no soy tu tocayo, sólo me llamo igual que tú”, porque simplemente pienso que no ha entendido la palabra). También es cierto que dejo que el resto del mundo me defina como considere cada cual, si quiere llamarme feminista, bien, si quiere llamarme aliado, estupendo… como si quiere llamarme “mangina”. Pero esto no es sólo una cuestión de nombres, sino de límites, de espacios.

Pero, ¿cómo se aplica todo esto? ¿qué debemos hacer entonces?

La respuesta suele ser, muy acertadamente, primero escuchar. Escuchar a las mujeres que, necesariamente, deben ser quienes marquen la dirección del feminismo. También leer, mucho (y también, en este caso, preferiblemente a mujeres). Y, escuchar implica también observar, analizar de qué manera se refleja aquello que estamos escuchando en nuestra realidad cercana, en nuestro contexto, en nuestra familia, incluso dentro de nosotros mismos. Y después… aquí empiezan los problemas.

Cuando llevas mucho tiempo aprendiendo sobre algo, es natural el impulso de aplicarlo, incluso de enseñárselo a otras personas, pero la forma en que los hombres estamos acostumbrados a cumplir nuestros impulsos libremente es parte del problema, no de la solución.

Por supuesto que puedes hacer esa labor didáctica, sobre todo, en tu contexto inmediato. Por ejemplo, cuando tus compañeros de trabajo se pongan a hablar de una compañera como si fuera un objeto, no siendo el “caballero andante”, ni siquiera es necesario que te centres en defenderla cuando ella esté delante. De hecho, si sólo les corrijes cuando ella está delante, no estás haciendo nada por el feminismo, sólo te estás haciendo el “caballero”, y eso no es precisamente una forma revolucionaria de transformar los estereotipos sociales… Ahora bien, si quieres enseñar algo a una mujer sobre feminismo, también puedes hacerlo… cuando tengas una hija. Hasta entonces, abstente.

Pero, a veces, incluso esa intervención en el contexto inmediato, aunque no sea precisamente fácil ni algo a corto plazo, nos sabe a poco, y queremos también apoyar la causa públicamente, más aún, en estos tiempos de interacción continua con desconocidos y desconocidas en redes sociales.

¿Puedo compartir información sobre feminismo? Sí ¿Puedo convertirme en fuente de esa información? Depende. Yo lo estoy haciendo con este artículo, pero nótese a quién lo dirijo: a otros hombres

¿Puedo solidarizarme con la lucha feminista? Por favor, hazlo ¿Puedo hacerla mia? No es tuya. El feminismo no existe para que tú puedas mostrarte sensible o vestir de rosa. Es cierto que ese tipo de cosas pueden ser consecuencias positivas del feminismo, también para los hombres, pero no es su objetivo, ni tiene que serlo.

¿Puedo participar en una conversación sobre feminismo? Sí ¿Puedo dirigirla o monopolizarla? No ¿Puedo hablar con una mujer de igual a igual sobre ser mujer? No. No eres mujer, no puedes saber mejor que ella lo que es ser mujer, por mucho que hayas leido ¿Tengo derecho a participar en cualquier conversación sobre feminismo? No, sólo en las que se te invita a entrar. Puedes pedir permiso, pero no te lo concedas.

¿Puedo ir a una manifestación, a un evento o entrar en un grupo feminista? Sí, salvo que no. Si el espacio ha sido definido como no-mixto, no te quejes, no te están marginando. Los espacios no-mixtos no son todos los espacios que hay (puedes buscar otro), pero son necesarios como herramienta de seguridad, de visibilidad y de fomento de la sororidad (por cierto, no, tampoco puedes incluirte en lo de la sororidad… he llegado a ver a un hombre hacerlo… la verdad es que me reí mucho, pero no lo hagas) ¿Puedo coger la pancarta y salir en la foto? No (no hay matices, no, me da igual que seas político, no) ¿Puedo gritar las consignas? No. No es por nada, no es que sea culpa tuya tener una voz grave y potente que resalte sobre las de las mujeres, pero la tienes, y lo sabes, y si no te contienes un poquitín, eso sí es culpa tuya.

Y, sobre todo, si te pierdes en alguno de estos puntos, vuelve al primero, volvamos siempre al primero: Escuchar.

56 Comentarios

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  1. Primeramente debo felicitar la claridad en el artículo y en las respuestas a todos los comentarios.

    “Esa supuesta exclusión sólo se daría si ser aliado fuese ser menos que no serlo, si estuviésemos hablando de repartir derechos (no hay ningún derecho inherente a la participación en una causa social), y no simplemente de dar voz a quienes en realidad sí sufren una exclusión social” Está quizá fue una de las cosas que más ejemplificó esto de la el por que puede ser mal visto el término, creo que nos da un lugar no de protagonismo sobre los hombres sino de participación de las mujeres.

    Pese a que aún no me decido exactamente por alguno de los dos términos y que a ratos ni siquiera quiero optar por uno, agradezco muchísimo la claridad de todas repuestas, porque más allá del término (que muchas veces se puede quedar en algo meramente formativo) muestras super bien lo que implica deconstruirnos.

    Gracias!!

  2. Esto es un poco fuerte, porque realmente si es exclusión, no veo a nadie excluir a los gays del grupo LGTBI+ porque ellos sólo cumplen una parte de ese grupo.
    Los animalistas deberían ser llamados aliados de los animales entonces, y no deben ni recoger firmas por ellos ni participar de esa manera que lo hacen en la lucha de ellos.
    Las mujeres machistas existen, y nadie las llama aliadas del machismo.
    Yo sinceramente estoy me parece una caza de brujas, porque aliado significa que tienes que derrotar a alguien, y que esto es una lucha.
    Si el fin es la igualdad en la desigualdad, entonces la lucha es de tod@s.

    Dónde están las normas del feminismo ? Porque si buscas el significado te saldrá que es cualquier persona que piense así, no te va a salir nada de aliados.

    A las personas heterosexuales no se las prohíbe entrar en los colectivos lgtbi+ ni se les pregunta su sexualidad.
    Por lo que leo entonces los transexuales feministas deben ser entonces o traidores o feministas de segunda, he leído a más de una decir que un transexual debe irse a su colectivo lgtbi+ en vez de al feminista…. Esto ya está pasando a hembrismo, es una pena que el feminismo esté descarrilando de esta forma por gente así.

    • Las personas heterosexuales y cisgénero pueden apoyar al colectivo LGTB+, son absolutamente bienvenidos a ello, pero no son parte del colectivo. Si no, no sería un colectivo, sería la humanidad entera. Eso es equiparable, e igual, los (y las) cis-heterosexuales serían en ese caso aliad@s.

      Un hombre transexual entiende la discriminación que supone haber nacido con vagina, una mujer transexual la de ser discriminada como mujer. En ambos casos, sí pueden hablar del efecto del machismo en primera persona.

      Y los animales no pueden defenderse solos. Esa no es una comparación nada acertada. Las mujeres sí pueden y lo hacen muy bien en muchísimos casos.

      Esa supuesta exclusión sólo se daría si ser aliado fuese ser menos que no serlo, si estuviésemos hablando de repartir derechos (no hay ningún derecho inherente a la participación en una causa social), y no simplemente de dar voz a quienes en realidad sí sufren una exclusión social.

      No se trata de adquisiciones de poder. No debe haber posiciones de poder en una lucha por la igualdad. Se trata, simplemente, de posiciones diferentes ahora, en la sociedad actual, en el machismo. No es el feminismo el que discrimina, es el patriarcado el que nos otorga a los hombres los privilegios.

      El concepto de aliado sólo significa que nos hagamos realmente conscientes de esos privilegios, de la forma en que condicionan nuestra visión del mundo, de las cosas que no sufrimos y ellas sí (todas ellas, incluso las que tengan interiorizado el machismo cultural), y, de hecho, las sufren para mantener esos privilegios nuestros.

      Y si la idea de apoyar una lucha justa, la formación de una sociedad igualitaria, escuchando en primer lugar a quienes han sido calladas, sin necesidad de definir los beneficios directos que tenga para él, molesta a algún hombre, puede estar tranquilo: él no es un aliado…

    • Toda la razón del mundo, sobre todo viendo a toda la gente que se hace llamar feminista (ya sea mujer u hombre) que realmente no entiende o sabe defenderlo.
      Es tan simple entender la finalidad del feminismo que hay personas que intentan buscarle más significado a algo ya definido, véase excluir o diferenciar gente que quiere lo mismo que tú tan sólo porque nació hombre, decir que porque no seas mujer no puedes definirte como feminista porque no se sabe por qué da lugar a gente ofendida, etc.

      El caso es que sí o sí, hay una minoría (espero que no vaya a más) que se toman el tema muy a pecho y creen que pueden llevar el feminismo sólo con mujeres.
      Para quien empiece a convulsionar, tan sólo piensa un poco, ¿ves lógico hacer un movimiento para liberar a la mujer, oprimiendo a hombres?
      En mi humilde opinión creo que no, porque pretendes luchar contra una desigualdad, creando desigualdad, y así llegamos a un bucle infinito donde las mujeres iran cada vez más a su extremo, y los hombres igual pero al contrario.
      Dicho esto, gracias Edea por tu mensaje que sale de lo común por aquí y me resulta agradable el ver que hay gente que piensa como tú, y espero que o este sitio cambie a “aliado hembrista” o simplemente sea un sitio donde poder enseñar como NO ser feminista.

      Y sí, yo también sigo esperando que me enseñen el manual del feminismo, porque al parecer no encajo.

      • Manuales hay muchos… El feminismo parte de una construcción teórica elaborada desde perspectivas históricas, sociológicas, psicológicas, pedagógicas… más académicas o más divulgativas. Si se tiene interés, se puede aprender muchísimo. Ahora bien, si lo único que quieres aportar es tu idea de que la gente se lo toma demasiado a pecho, tu problema no es ser hombre, es tu carencia de interés (en todos los sentidos de la frase). Un saludo.

  3. Guadalupe Garcia Guerrero

    miércoles, 06 septiembre 2017 at

    Muchas gracias por tu texto, me encanto leerlo (disculpa que no use tildes, el tablero de mi compu no me lo permite). Estaba a punto de dejar la lectura justo al final de tu texto pero empece a leer los comentarios y no pude parar. La mayoria de los opinadores hombres simplemente confirman la veracidad de tus palabras. Aqui entre nos: mi opinador favorito fue el camarada-furibundo-hombre-femimista-stalinista.

  4. Muchísimas gracias por el artículo. Un abrazo.

  5. Vamos, que según lo que esta chica propone, la lucha contra el maltrato animal debería ser dirigida y compuesta únicamente por animales ¿no? Pues que tengan suerte los toros para reunir firmas contra la tauromaquia, que creo que con pezuñas es complicado agarrar un bolígrafo.
    Sencillamente ridículo. Yo siempre me voy a denominar feminista, y por mí como si vienen a mi puerta todas las feministas de este mundo a decirme que yo soy un “aliado”, y que no puedo ser más que un mero espectador en su lucha. Pues chicas, que tengáis suerte cambiando la sociedad vosotras solas.
    La autora de estas palabras atribuye inteligencia y bondad infinita a las mujeres, olvidándose de que hay hombres que han hecho y que podrían hacer mucho más por la lucha feminista que muchísimas mujeres. Lo que yo me pregunto ¿ella pondría antes a liderar el movimiento feminista a una mujer machista que a un hombre feminista? Por supuesto que un hombre no puede ser protagonista de esa lucha ni liderarla, pero eso no quiere decir que no deba participar activamente de ella. Ya lo sabéis, soy hombre y soy feminista, y a quién no le guste que se preocupe por cosas más importantes que por imponer un nombre ridículo.

    • Pues, chico, Ellen Degeneres ya habló en su programa de un bolígrafo diseñado para poder ser usado por mujeres, así que eso no es problema. Gracias a los avances científicos (mérito indudable de hombres, como es normal), ya pueden arreglárselas mejor que un toro XD

    • Ah, que ahora las mujeres son comparables a animales irracionales. En fin, creo que con eso ya te has mostrado. No hay hombre que pueda hacer más que ninguna mujer por la lucha feminista, excepto en los espacios para hombres, como muy bien describe el artículo. Ahí hay un papel fundamental que jugar y mientras os quejáis de que por una maldita vez en vuestra privilegiada vida, no se os permite no asumir el liderazgo en algo, ese papel sigue sin jugarse. Ahí está vuestra labor, no en venir a explicarnos nada. La lucha feminista no es la de los más listos ni la de los más bondadosos. Es la lucha DE LAS MUJERES. PARA LAS MUJERES. Igual que la lucha anti-racista no la lideran los más solidarios ni los más inteligentes, la lideran los negros, por motivos obvios. Para ser feminista lo único que no es necesario, es proclamarse como tal y lo necesario es ejercerlo con hechos. Deconstruirse es lo primero y es evidente que tenéis muuuuucho trabajo que hacer. Si es que realmente pretendéis la igualdad, claro. Porque de tu respuesta, aunque afirmas lo contrario, no es eso precisamente lo que se desprende.

      • Comprendo y me siento identificado en cierta medida con el comentario de J. La analogía con los animales es tan solo un ejemplo, Hache. Nadie está comparando a las mujeres con animales irracionales en ese sentido, entiendo que hay que leer entre líneas. Si te parece mejor otro ejemplo se podría utilizar el de que los derechos de los niños sólo lo podrían defender los niños, los derechos de los inmigrantes sólo lo podrían defender los inmigrantes, los derechos de la tercera edad sólo lo podrían defender los ancianos, los derechos de los estudiantes sólo lo podrían defender los estudiantes, etc.
        Al fin y al cabo lo que da a entender eso de que los hombres solo podemos ser ‘aliados feministas’ es eso mismo que comenta J : “no puedo ser más que un mero espectador en su lucha” y no me parece correcto. Es como decir: “Cada uno que se preocupe de sus propios derechos y que deje a los demás luchar por los suyos, que nadie defienda los derechos de los otros”. Entiendo que quien lidere la lucha sean mujeres, pero no creo que sea un movimiento en el que haya que excluir a gente poniéndoles otra etiqueta.
        Mas allá de esto, pienso que hay que verlo con un poco de pragmatismo y es que, la ‘no-opresión’ de los hombres favorece a que quizás se les escuche en un rango un poco mayor, y éste podría ser un comienzo (teóricamente no el mejor, pero un comienzo práctico).
        Concluyendo, creo que eso de que ‘hay que dejar a las mujeres que lideren el movimiento-pero están oprimidas y no se les escucha, los hombres no lo están-los hombres no deberían de denominarse feministas, por que es un movimiento de mujeres-hay que dejar a las mujeres que lideren el movimiento-pero están oprimidas y no se les escucha, los hombres no lo están…’ es un eterno bucle que hay que cortar por una de esas partes, el ‘quid’ de la cuestión sería averiguar por cuál de esas partes se conseguiría un comienzo más fuerte. Saludos.

        • Nadie está diciendo que un hombre no pueda unirse a la defensa de los derechos de las mujeres, sólo se remarca que lo hace desde una posición diferente, y que debe apoyar la visibilización de las mujeres en la defensa de sus propios derechos, apoyando, no liderando (y sin los paternalismos que nos impidan ver lo absurdo de compararlas con animales o niños).

          “Aliado” y “espectador” no son en absoluto sinónimos. Ser aliado feminista implica un compromiso. Aunque insista en verse como un término vacío, no se incluye en él a todos los hombres que no sean evidentemente machistas, sino a los que se comprometen en su apoyo al feminismo.

          Respecto a las comparaciones, la de la infancia sigue sin ser adecuada (hablamos de mujeres adultas y capaces), pero en el caso de las personas inmigrantes pasa exactamente lo mismo: también ahí la primera voz que debemos escuchar sería la de inmigrantes; igual que, en la lucha antiracista en general, debemos atender especialmente a lo que digan las personas racializadas, siendo conscientes de nuestras diferentes posiciones; e igual que en el colectivo lgbt+ debe escucharse a las personas homosexuales, bisexuales, transexuales, etc, antes que a los heterosexuales cisgénero, que serían en ese caso quienes ocupan una posición de privilegio…

          Poniendo el ejemplo que quizás sea más claro, ¿a quién elegirías antes como representante sindical: a un compañero o a tu jefe? También los sindicatos deben estar formados por trabajadores y trabajadoras (en este caso, está definido así incluso legalmente) y no por empresari@s (por muy “buena gente” que sea el empresario en cuestión, y sin perjuicio de lo comprometido que esté con los derechos laborales y de que actúe coherentemente con ese compromiso, que no sólo es una posibilidad sino su deber).

          No es una idea exclusiva del feminismo, aunque sí parece especialmente difícil de aceptar en ese caso.

          En cuanto a eso de la “no-opresión” de los hombres, valoro las comillas, porque ojalá fuese una opción real, pero no lo es. La opresión es un sistema, no una elección personal. Los hombres podemos procurar no explotar nuestros privilegios, pero no por ello la sociedad deja de otorgárnoslos, no por ello dejamos de tenerlos a nuestra disposición para cuando deseemos ejercerlos, o no por ello somos capaces de hacernos conscientes ni siquiera de cuántas partes de nuestra vida son privilegios, ni de cuáles se ejercen de forma tan pasiva que ni siquiera es posible renunciar a explotarlos.

          Una renuncia particular a los privilegios masculinos es un avance muy relativo, porque mientras el sistema de opresión no sea destruido en sí mismo, siempre va a ser una renuncia circunstancial y reversible.

          Hablas de un bucle creado por el hecho de que a las mujeres, como oprimidas, no se las escuche defender su propia lucha, y de hombres que, como opresores, no escuchan, porque no es su lucha, pero es que precisamente en eso consiste ser aliado feminista: en estar dispuesto a escucharlas (y, por tanto, callarse un ratito, que dos personas hablando a la vez no se entienden). Esa es la forma de romper ese bucle.

          • Buenas Andrés, gracias por tu respuesta y por el post (ambas cosas muy interesantes).

            Totalmente de acuerdo con que las mujeres son las que deben liderar el movimiento.
            Entiendo que quizá como “opresor” la idea de ser un aliado me genera cierta impotencia. Como dijiste, uno no elige serlo (el ser opresor) y el no poder participar en primera fila en esta lucha parece como si no estuviese haciendo todo lo posible para acabar con la desigualdad y, por ende, dejar de oprimir.

            Supongo que el papel del aliado aún todavía no está del todo definido o quizá necesito informarme más porque, realmente, ¿qué es lo que puedo hacer yo como aliado?
            De entrada me quedo con la idea de que es necesario deconstruirse, seguir aprendiendo y “callarse un ratito”.

            • Gracias a ti. Sí podemos ir haciendo muchas cosas para apoyar al feminismo, pero esa deconstrucción personal con la que, acertadamente, te quedas como idea principal, es la más importante, y sin la que lo demás que podamos hacer no valdría de mucho.

          • Para nada acertada esa comparación entre jefe-hombre y compañero-mujer para luchar como representante sindical. Das por hecho que todas las mujeres son feministas o que todos los hombres ejercen opresión machista sobre las mujeres. Creo que esto es más un problema de amenazas percibidas.
            Evidentemente, los hombres no han sido oprimidos por el patriarcado, no van a ser ellos quienes lideren el movimiento feminista.

            • No todas las mujeres se definen como feministas, pero todas sufren el machismo. No todos los hombres ejercemos de forma consciente una opresión intencional, pero todos obtenemos (queramos o no) los privilegios derivados de ese sistema de opresión que es el patriarcado.
              Simplificado así, como hombre-jefe, sí es cierto que suena a algo muy diferente a lo que pretendía explicar… seríamos, más bien, los hijos enchufados del jefe.
              En cualquier caso, estamos indudablemente de acuerdo en la última frase de tu mensaje y de eso trata este artículo. Gracias por tu participación.

  6. Uuuuuffff qué mal, combatir las diferencias haciendo más y más diferencias. El machismo es problema de todos y todas, y así hay que combatirlo. O se mentaliza la humanidad entera y trabajamos unidos y unidas, o nunca lograremos avanzar…

    • Por supuesto. El artículo no pretende decir que los hombres no podamos implicarnos en la lucha feminista, sólo intenta dar orientaciones de cómo hacerlo respetando la necesidad de dar voz a las mujeres en su propia lucha, aceptando que son ellas quienes sufren (y, por tanto, entienden) su discriminación, sin que tenga ningún sentido que vayamos nosotros a dirigir el movimiento, desde la clásica visión androcéntrica del mundo. Pero ayudar es bueno, por eso la palabra usada es “aliado” y no “espectador”, ni “mueble”… No digo que sea tu caso (ni siquiera sé tu sexo), pero la palabra aliado es un término que supone una implicación activa y, normalmente, quien lo rechaza no es porque se le impida ayudar, sino porque se le niega el protagonismo, generalizado y naturalizado en todos los ámbitos, a los hombres, porque no está acostumbrado a que ninguna mujer pueda estar delante de él en nada, y eso es una de las cosas que hay que empezar por cambiar si se pretende una verdadera igualdad de sexos, y no sólo una sociedad en la que a las mujeres se les “permitan” más cosas.

  7. Empecé a interesarme por el feminismo, de una forma más activa, gracias a la que hoy es mi compañera. Es cierto que en mi casa, desde pequeño, oí hablar a mi madre, y mucho, sobre lo injusto que era el mundo especialmente con las mujeres. Naturalmente lo hacía desde el friegaplatos mientras mi padre, con cierto gesto de culpabilidad no reconocida, negaba con la cabeza desde el sofá.
    Ambos nos educaron, tanto a mi hermana como a mí, en valores semejantes a una suerte de “igualitarismo fraternal” intentando no diferenciarnos por nuestro género… supongo que eso contribuyó a colocarme en posiciones de cierta sensibilidad para con las mujeres, eso sí, con la comodidad que me proporcionó socialmente mi condición masculina.
    Desde hace un tiempo, leo, profundizo y reflexiono sobre lo que “para mí” son las nuevas situaciones en que el activismo feminista me va posicionando y en más de una ocasión (aunque me joda reconocerlo) me he sentido incómodo por verme relegado (fruto del empoderamiento de las más valientes y decididas) a esa cuarta o quinta fila a las que no estoy acostumbrado en otros espacios.
    Las RRSS son un lugar interesante para encontrar información y/o generar debates pero a veces también te encuentras con artículos, noticias, opiniones o iniciativas que parecen sano y elogiable feminismo pero que en realidad esconden condescendencia y paternalismo… Esta está siendo últimamente mi asignatura pendiente: sentirme inicialmente atraído por ideas o conceptos que me parecían estupendos y que tras compartir con mujeres de mi entorno, han sido puestas en cuestión. Al hilo de esto, y después de esta, quizás, innecesaria introducción, ¿qué opinión te merecen los denominados “grupos de hombres” que promueven asociaciones como AHIGE?
    Gracias de antemano y enhorabuena por el artículo. Puede resultar duro asimilar y aceptar interiormente su contenido pero leídos los comentarios es evidente que artículos como este son muy necesarios.
    Un saludo.

    • Muchas gracias por comentar.
      Respecto a lo que preguntas, la verdad es que no podría responderte de forma debidamente justificada, porque no conozco demasiado de esos grupos en general, ni del que mencionas en particular. Puedo tener como una asignatura pendiente el informarme más de ese tema, aunque sea por interés profesional (en el campo de la educación y las ciencias sociales).
      En cualquier caso, como idea, quizás no tanto como grupos activistas, sino, más bien, formativos, lo veo bien (más allá del análisis que se pudiese hacer, conociéndolos mejor, de cómo funcionen en la práctica). Si se persigue llegar a una sociedad en la que haya una igualdad efectiva entre hombres y mujeres, está claro que también a los hombres habrá que educarnos para adaptarnos a ello. Eso requiere un proceso de deconstrucción difícil, y no es nada malo que lo compartamos entre nosotros y podamos contar con un grupo de hombres en ese mismo proceso.
      Ahora bien, cuando he tenido conocimiento de alguna actividad de algún grupo de hombres de ese tipo, normalmente, estaban relacionadas con la construcción de una “nueva masculinidad”, sobre todo, en lo que respecta a los roles dentro de una relación de pareja heterosexual, o con la paternidad… áreas de la vida en las que, yo personalmente, no me puedo plantear cambiar mi relación con mujeres, porque no tengo ese tipo de relación con mujeres (soy gay), pero es un área de la vida donde nacen muchas desigualdades, por lo que es importante trabajar en ello. Poco más te puedo decir, sin conocer lo suficiente de esos grupos.