Categoría: Sexo en Rita (página 1 de 2)

Renata, Rebeca, Ruth y, por supuesto, Rita, son 4 amigas inestables (bipolar, hiperactiva, alcohólica y depresiva respectivamente) con una cosa en común: todas quieren un hombre… o más.
Y es que a Rita se la suda quién más folle en su ciudad.

Sexo en Rita. Capítulo 25: Ale

Ale y yo estábamos bien. Ya os lo he dicho varias veces, pero hay algo que aún no he hecho en exceso, y que, normalmente, una chica que está empezando una relación no para de hacer: hablaros de él.

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Sexo en Rita. Capítulo 24: La importancia de llamarse Francisco

Lo de los mil nombres de Francisco empezó como algo casual, pero después, y como casi todo, fue culpa de Ruth…

El día en que Francisco se presentó al puesto, explicó su interés sin llegar a presentarse y me dejó su curriculum, en el que leí su nombre. “¿Francisco, Paco…?” le pregunté y me respondió con un, bastante seco, “como quieras”. Cuando alguien me dice su nombre, sin especificar diminutivo de preferencia, entiendo que lo correcto es usar el nombre completo, pero Ruth consideró que era demasiado largo y le preguntó si le importaba que le llamase Paco. Rebeca, en un “y yo más” de los suyos, redujo las dos sílabas a una sola y optó por llamarle Fran.

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Sexo en Rita. Capítulo 23: Libro de Calixto, Melibea y la puta vieja Rita.

Una confesión como la de Antonio no iba a cambiar mi vida. Cuando tienes pareja y te sientes agusto en esa relación, no es tan fácil hacerte dudar. Antonio es atractivo, y cuando estaba totalmente soltera me hubiese interesado, pero en estas circunstancias, ese “estoy enamorado de tí” sólo era algo incómodo. De todas formas, tal y como lo había dicho y por como yo le había respondido, parecía que lo había dicho como una broma y que yo lo hubiese entendido así. Puede que ambos decidiésemos fingir que así era, o puede que realmente fuese así, pero superamos la incomodidad. Y yo seguía con Ale, pero mi vida amorosa no era la única…

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Sexo en Rita. Capítulo 22: Clara

Clara es una chica alegre, una buena relaciones públicas. Podía hablar de casi cualquier cosa… menos de sí misma. Nunca me había dicho hasta entonces nada que me aclarase ese punto, pero siempre pensé que su vida, aunque aún corta, no debía haber sido fácil.

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Sexo en Rita. Capítulo 21: Ajá… claro…

07:30 am. Me despierto al lado de Ale en mi habitación. Él se queda en la cama un rato. Voy a ir al baño, pero Ruth me lo impide:

Ruth: ¡Llego tarde al trabajo!
Rita: Sólo tenemos una ducha (el baño de abajo es más bien un aseo) para 4 personas, así que date prisa
Ruth: ¿quién es el guarro que no se ducha?
Rita: ¿cómo?
Ruth: Somos 5. Rebeca, Raúl, Ale, tu y yo.
Rita: Ale no vive aquí.
Ruth: Ajá… claro… pero se ducha.

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Sexo en Rita. Capítulo 20: La independencia de la pasta

Con Rebeca y Raúl, llegó otro nuevo compañero de piso: un cronograma.

Hasta ahora, Ruth y yo nos organizábamos más como lo hace una familia que como simples compañeras de piso. Hacíamos una compra común, comíamos juntas siempre que pudiésemos… La mayoría de las veces, cocinaba yo, porque se me da mejor, e iba yo a hacer la compra, sin que importase la justicia de eso en el reparto de tareas, y los platos los lavaba la primera que se ofreciese a ello, sin que importase mucho que, en un momento dado, se acumulasen los de dos o tres comidas, si no apetecía hasta que el fregadero estaba lleno. Hacíamos juntas la colada, aunque, eso sí, cada una planchaba lo suyo (cuando, por pura pereza, no nos diese la sensación de que estirar bien fuese suficiente), y también esperábamos a ponernos de acuerdo para, de una sentada, hacer la limpieza de la casa, sin perjuicio de poder limpiar algo, simplemente, porque  lo habíamos visto sucio… Nunca dijimos “oye, que esto te tocaba a tí”, porque para nada había turnos.

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Sexo en Rita. Capítulo 19: Divinity

Veo poca televisión, pero tengo un vicio inconfesable: los programas de reformas, venta o compra de casas en Divinity. Desde amar o vender tu casa, hasta comprarte una casa de mierda que unos gemelos te conviertan en un palacete, los veo todos. Gracias a ellos, sé qué son cosas que jamás pondré en mi propia casa, como la isla de la cocina o las puertas francesas. Y por ellos es que, cualquier reforma tan estúpida como cambiar un mueble de sitio, me parece una aventura.

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Sexo en Rita. Capítulo 18: Hermanos

La noche de la inauguración de La Charade había sido una locura, en la que algunas cosas, que en otros momentos podrían ser importantes, parecían secundarias.

Ni siquiera me acordaba de que Ruth me había dicho que un chico estaba preguntando por mí. Sí recordaba a Ángel, hablándome de cómo había acabado llevándome unos días antes a mi casa completamente borracha, aunque no dejé que se explicase demasiado bien, al estar pendiente del brote pirómano de mi amiga Renata.

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Sexo en Rita. Capítulo 17: Bolsas de basura

Ale y yo estábamos bien. No se trataba de eso. Pero seguía pensando en Ángel.

No en sentido de estar obsesionada con él ni nada por el estilo, pero, cuánto más lo analizaba, menos entendía que hubiese dejado de hablarme de aquella manera. Podía enfadarse por mis conclusiones precipitadas o por mi falta de memoria. Pero lo cierto es que un día estaba borracha, él acabó en mi casa, y no recuerdo nada de lo que pasó entonces. Aunque hubiese hecho algo mal, enfadarse conmigo podría tener sentido, pero no decirme siquiera por qué… Merecía saber por qué.

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Sexo en Rita. Capítulo 16: No me hables como mi madre.

Se acercaba la navidad y eso significaba, necesariamente, otra fiesta. Aunque en este caso fue algo bastante normal y medianamente tranquilo, pero los preparativos sí fueron algo más estresantes…

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Sexo en Rita. Capítulo 15: ¡Chupitos gratis!

Tuve miedo. La palabra “fiesta” me aterrorizaba.

La primera fiesta de La Charade fue la pre-inauguración, momento en el cual no recuerdo qué pasó con Ángel, pero sí sé que, a raiz de ello, ya no me habla. La siguiente fue la inauguración oficial, en la que Renata quemó parte del local… ¿Y ahora querían otra? ¿Tan pronto?…

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Sexo en Rita. Capítulo 14: El equipo

Después del incendio, y aunque no había llegado a causar suficientes daños como para tener el local mucho tiempo sin abrir, había más gastos que compensar en el bar y eso hizo que Ruth y yo nos esforzásemos mucho porque las cosas saliesen bien.

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Sexo en Rita. Capítulo 13: Iris

Iris de veras amaba a Felipe.

Le conoció en el instituto y fue su primer amor. Con él lo descubrió todo. A su familia no le gustaba. Los padres de Iris eran bastante conservadores, mientras que Felipe había sido educado en un ambiente bastante más liberal. El hijo de una familia hippy ganándose el corazón de la niña rica. Podría considerarse la típica historia adolescente, en la que todo parece una versión azucarada de Romeo y Julieta, salvo por el final, menos dramático… aunque, generalmente, igual de rápido.

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Sexo en Rita. Capítulo 12: Lo bonito siempre muere

En capítulos anteriores…

– Rita estuvo ingresada en un centro psiquiátrico por depresión. Sus padres murieron en un incendio, se quedó sin trabajo… e intentó suicidarse.
– La encontró Ángel (uno de sus vecinos junto con Joel: un tipo muy follable) y llamó a las amigas que Rita hizo en el centro: Renata (bipolar, o algo así, entre otras cosas… bastante loca, en resumen), Rebeca (que acababa de romper con su novio, Joaquín) y Ruth (alcohólica).
– Las 4 chicas se montaron una sala de conciertos/bar/hostal (La Charade).
– Rita, que tiene algo indefinido con Ángel, encontró a Rebeca en la casa de sus vecinos la mañana después de una juerga.
– En la inauguración oficial de La Charade, se presentaron Joaquín (ex novio de Rebeca), Herminia (enemiga íntima de todas las chicas desde su paso por el centro) y un chico preguntando por Rita.
– Y, ¿por dónde íbamos?… ¡ah! si…

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Sexo en Rita. Capítulo 11: ¿Casualidad?

Por fin, llegó el gran día…

Renata pasaría la noche sacando fotos, Rebeca con el grupo invitado, Ruth apoyando en las barras, y yo coordinando un poco todo lo demás.

Al escenario “El País Musicano”. Empezaba la aventura…

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Sexo en Rita. Capítulo 10: Follarse cerebros

Yo llevaba unos días viéndome con Andrés (no, mira que le conocí saliendo de una mini orgía en mi casa, pero no: “vernos” no significa lo que estáis pensando).

Era como un niño con 15 años (de los de antes, con 10 de los de ahora, que cada vez espabilan más pronto), que se sentía satisfecho cogiéndome de la mano y dándome algún casto beso al dejarme en el portal, creyendo que me haría sentir sucia si hacia algo más… cuando lo que yo empezaba a sentir era furor uterino…

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Sexo en Rita. Capítulo 9: Desayuno con terrones

Ruth y yo siempre nos hemos entendido bien, sobre todo, de fiesta. Pero para mí la fiesta acaba con la resaca de la mañana siguiente y ella sigue borracha y llena de sorpresas.

Justo antes de la apertura oficial (y justo después de la no oficial) de La Charade, me dio una de esas sorpresas.

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Sexo en Rita. Capítulo 8: Sexo en “Rita”…

Los siguientes meses fueron duros. Mucho trabajo y a mí me tocó encargarme de papeleo, licencias, pedidos, obras, etc.

Los ahorros que pudiésemos tener los invertimos en la sala, así que el primer paso era pluriemplearse: Rebeca empezó a trabajar en un parque infantil, Renata puso un puesto de venta de bisutería artesanal, tipo hippie, le pedí a Joel (por cierto, ¿os he dicho ya que está muy follable?) que metiera a Ruth a trabajar como comercial en su empresa, y yo me dedicaba a la asesoría fiscal a particulares… Ese trabajo sólo es estresante en las dos semanas previas a que termine el plazo de presentación de declaraciones, así que me tocó preparar todo lo que tuviese que ver con la sala… incluido ponerle nombre.

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Sexo en Rita. Capítulo 7: ¿Qué tal?

Poner un nombre es algo difícil… pero nueve meses después tuve que pensar uno… Aunque creo que me estoy adelantando demasiado…

Ángel llamó… y vinieron mis tres rameras: Rebeca, Renata y Ruth.

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Sexo en Rita. Capítulo 6: Dos años después

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que lleváis demasiados días pensando sólo en cómo seguir ese día? Probablemente, si la respuesta es que no, os irá bien, porque es una sensación peligrosa, que puede llevaros a hacer alguna locura… como decidir que no merece la pena.

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