En esta entrada no quiero aportar ninguna anotación personal (salvo que estoy de acuerdo con cada palabra). Simplemente, para hacer más comprensible el video que comparto, incluiré una transcripción traducida (espero que no demasiado libremente) al español:

Tuve que aprender a ser feminista. A lo largo de la escuela secundaria y la universidad estuve involucrada con organizaciones contra las guerras en el Oriente Medio, la sensibilización sobre el cambio climático, y la exigencia de derechos de gays y lesbianas. Estaba muy involucrada con las causas de justicia social, pero todavía no me llamaba a mí misma “feminista”. En aquel momento, llegué incluso a pronunciar aquella temida frase: “Yo creo en la igualdad de derechos, pero no soy feminista”.

Como la mayoría de personas que crecieron inmersos en la ideología neoliberal de Occidente, vi el mundo, principalmente, como una serie de individuos que toman sus propias decisiones individuales y personales. Y ahí estaba yo, una mujer joven tomando sus propias decisiones personales acerca de qué ponerse, qué comprar, qué estudiar o lo que quería hacer todos los días, dentro de ese estrecho marco del feminismo individualista, que parecía una reliquia de un pasado lejano. Por aquel entonces, pensaba que el sexismo, básicamente, se reducía a unas pocas manzanas podridas con creencias personales equivocadas, nacidas de la ignorancia y el odio.

No fue hasta que estuve en la primera mitad de la veintena que comencé a darme cuenta de que mi impresión del feminismo estaba completamente equivocada.Con la ayuda de algunas mentoras increíbles y tras la lectura de una gran cantidad de literatura feminista, especialmente en las palabras de mujeres negras y mujeres no heterosexuales de todo el mundo, aprendí a mirar el mundo a través de una lente social y a entenderlo como realmente es: como una serie de relaciones entre los sistemas sociales. Desde ese marco sistémico e institucional, pude ver cómo la opresión se manifiesta de muchas maneras sutiles en los sistemas de lo que Bell Hooks llama “el patriarcado capitalista y supremacista blanco”.

Así que, no sólo tuve que aprender a ser feminista, también tuve que aprender a ser una feminista que comprendía los sistemas. Tuve que aprender cómo los sistemas de opresión son mantenidos por nuestra participación en ellos, pero que también se perpetúan a sí mismos, a través de caminos de menor resistencia. Y cómo estos sistemas son más grandes que las elecciones de cualquier persona.

Bien, y aquí está la parte en la que digo cosas que pueden erizar algunos nervios, pero creo que es una crítica necesaria para el debate. En los últimos años estoy cada vez más preocupada por la dirección que parece volverse dominante en internet en el feminismo occidental.

Desafortunadamente, muchos discursos contemporáneos alrededor del feminismo tienden a enfatizar una forma de hiper individualismo (influido por la visión neoliberal del mundo). Cada vez más, oigo variaciones sobre esta idea de que cualquier cosa que cualquier mujer escoge personalmente hacer es un acto feminista. Esta actitud es llamada a menudo “feminismo libertario”. El feminismo libertario postula que cada mujer, en particular, determina lo que es válido para sí misma, lo que podría sonar bien en la superficie, pero corre el riesgo de oscurecer una imagen más amplia de los objetivos fundamentales del movimiento, centrándose en las mujeres individuales y desde una noción muy estrecha e individual del “empoderamiento”. Se niega la realidad de que algunas decisiones que las mujeres toman tienen un enorme impacto negativo en la vida de otras mujeres. No es suficiente sentir que se tiene poder personal o éxito individual en el marco opresivo del sistema actual. Incluso si una mujer, individualmente, logra vencer para sí al patriarcado, seguirá siendo un juego perdido para el resto de las mujeres de este planeta. La cuestión es que algunas elecciones tienen consecuencias más allá de nosotras mismas, y refuerzan las ideas patriarcales dañinas sobre las mujeres como grupo y sobre los cuerpos de las mujeres en nuestra cultura compartida.

Y debido a cómo los sistemas de opresión se relacionan y construyen entre sí, son las mujeres negras, las mujeres indígenas, las mujeres del sur, las mujeres con discapacidad, mujeres homosexuales y transexuales quienes sufren el peso de esas consecuencias.

El “feminismo libertario” también oculta el hecho de que las mujeres no tienen una libertad real. Tenemos un conjunto muy limitado de opciones predeterminadas por el patriarcado. Las mujeres pueden elegir entre una gama de colores predefinidos, pero no podemos elegir de manera significativa la liberación, no podemos elegir una manera de salir de nuestras limitaciones, al menos no sin destruir esos sistemas opresivos que limitan nuestras opciones. Así que cuando hablamos de libre elección en el mundo de hoy, realmente estamos hablando de un espectro muy estrecho de opciones que son manipuladas por el patriarcado.

Cuando hablamos de cómo ser feminista, para mí, significa estar comprometida con algo mucho mayor que nosotras mismas. Es comprender qué papel juegas en nuestros movimientos colectivos para la liberación. Es reexaminar nuestros deseos e intereses, y comprender cómo están conformados a menudo por el capitalismo, el patriarcado y la supremacía blanca. Es comprender nuestras propias relaciones de privilegio y opresión y la forma en que definen nuestros comportamientos, actitudes y valores. Es darse cuenta de que ser feminista es un esfuerzo de aprendizaje permanente y que vamos a cometer algunos errores en el camino y debemos ser compasivas con nosotras mismas cuando eso sucede. Es darse cuenta de que otras personas también cometen errores y debemos extender esa compasión también a ellas. El feminismo no trata sobre la búsqueda de la perfección, es la lucha por la justicia.

Todas estamos conectadas, unidas bajo la opresión del patriarcado y, de esta forma, nuestras acciones o inacciones personales tienen un efecto perjudicial sobre otras mujeres, especialmente las de las comunidades más marginadas. Me doy cuenta de que ésta no es una afirmación popular, pero “sentirse empoderada personalmente” no es ser feminista.

Para ser feminista tenemos que aceptar una responsabilidad más allá de nosotras mismas, que somos responsables unas de otras, y el compromiso de trabajar por la liberación colectiva de todas las mujeres.

Anita Sarkeesian