Yo llevaba unos días viéndome con Andrés (no, mira que le conocí saliendo de una mini orgía en mi casa, pero no: “vernos” no significa lo que estáis pensando).

Era como un niño con 15 años (de los de antes, con 10 de los de ahora, que cada vez espabilan más pronto), que se sentía satisfecho cogiéndome de la mano y dándome algún casto beso al dejarme en el portal, creyendo que me haría sentir sucia si hacia algo más… cuando lo que yo empezaba a sentir era furor uterino…

Estaba a punto de decirle que se dejase de estupideces y me pusiese contra la pared, cuando, tras muchas conversaciones con él, en plan tierno e inocente, me di cuenta de algo que me echaba un poco para atrás: era tonto de remate….

Quizás una cosa no quite la otra, y para echar un buen polvo no haya que ser muy listo, pero una cosa es que no quiera ser la típica mujer (cuanto más tonta, más femenina) y otra cosa es comportarme como un hombre: me daba pena usarle y luego romperle el corazón al chiquillo… Aunque seguía siendo un dios argentino de ojos azules y cuerpo perfecto (Renata solía decirme que ella se follaba cerebros, pero a mí eso me sonaba a zombi pervertido más que a otra cosa)… Siempre podría follar con él y cuando quisiese hablar con alguien buscar a cualquier vecino… por decir algo, que mis vecinos son Joel (que ya está bastante follable de por sí como para servir meramente de complemento intelectual) y Ángel, que suponía que preferiría hablar (o lo que sea) con Rebeca (y no es que me importase)…

Vale, no ha sonado como si no me importase, ¿verdad? Admito que fue raro encontrarme a Rebeca en su casa, pero, más que nada, porque estaba acostumbrándome a tenerle detrás de mí. No es que me interesase realmente… creo…

La cuestión es que, por el momento, las mejores conversaciones las tenía con Antonio y con Francisco (yo le llamo así) y para todo lo demás no me vale una tarjeta, pero sí algo de plástico.

Ya habíamos contratado a la mayor parte del personal para la inauguración oficial de La Charade, y Antonio y Francisco eran dos de esos empleados, así como también el propio Andrés, como camarero en la barra de la planta de arriba.

Antonio, un chico fuerte pero tierno, con el que yo tendía a pasarme los pocos ratos libres que tuviésemos, iba a encargarse de la taquilla y las cuentas de los conciertos, pero como aún nos faltaba personal, en la inauguración estaría en la barra de la sala en la planta baja. En el trabajo debería haber hablado más con Ruth, encargada de las barras o con Rebeca por la parte de las cuentas en los conciertos, pero él y yo nos entendimos muy bien desde el primer momento, aunque como amigos. No había, al menos en ese momento, ningún interés romántico ni tensión sexual, era más como un hermano mayor.

Francisco, Fran, Paco o Paquito (según quién le llamase… nunca se quejaba ni indicaba preferencia… es demasiado discreto/pasota para eso) era diferente. Con él sí tenía que tratar yo, porque era el encargado de ayudarme en todo lo relativo al hostal. También era como un hermano, pero de otro tipo, no de esa clase de hermanos que te protegen y en los que buscas consejo o consuelo, sino de esos otros con los que te peleas constantemente. En muchas ocasiones parecíamos una pareja cómica, tipo el gordo y el flaco.

Y hablé mucho con Antonio y me peleé mucho con Francisco y hasta, finalmente, algo me follé a Andrés antes de la inauguración y, por fin, llego el gran día…