El verano, queridos míos, es la estación del año que más odio.

Hace un calor horrible,  eres un bicho raro si no estás morena, eres más raro aún si no te gusta la playa.

Playa: dícese de ese montón de tierra donde la gente se reúne para dar por saco a base de pelotazos (si eres pequeño, además pegarás voces a diestro y siniestro como si no hubiese un mañana), ponerse palote viendo tetas (sí, he dicho “tetas”), hablar de las tonterías que no le interesan a nadie (pero como estás en la playa con tus colegas, les tienes que sufrir), “tomar el sol” (del verbo: voy a ver si me entra un cáncer de piel, que tiene que molar), “nadar” y refrescarse (a mí no me engañáis, os metéis en el agua a mear, que lo sé yo) y un gran etcétera. [...]