El sistema está claro: el niño o niña hace infantil, primaria, secundaria, bachillerato y universidad… o, poco antes, opta por la vía de la formación profesional. Parece que la única elección en ello es entre centro público, concertado o privado (a eso, exclusivamente a eso, se refieren la mayor parte de los medios y de los políticos cuando hablan de “libertad de enseñanza”, tendiendo a considerar, además, que las diferencias entre unos y otros son, principalmente, religiosas). Cualquier otra cosa tiende a considerarse “absentismo” o “fracaso escolar”. Eso es el sistema. Pero no lo es todo.

Aparte del hecho de que alguna de esas escuelas privadas se distingan por cuestiones más auténticamente didácticas que la espiritualidad impuesta por herencia (como las llamadas “escuelas libres”, defensoras de métodos pedagógicos diferentes al tradicional y, mayoritariamente, basados en el juego libre), existe otra vía (u otras vías, pues hay muchas formas de llevarlo a cabo): la educación en casa.

No es mi intención convencer a nadie de que ésa sea la mejor elección para educar a sus hijos. Lo cierto, es que no habrá un sistema más válido que otro mientras no haya una familia exactamente igual a otra, y no la hay. La elección de la forma que tome el proceso educativo de nuestros hijos deber ser libre, debe ser consciente (para lo que resulta necesario conocer las alternativas… todas las alternativas) y responsable (pensando tanto en las necesidades de los hijos como, siendo realistas, las posibilidades de los padres, y varios otros factores). De hecho, aunque aún no soy padre, creo que yo (más por circunstancias que por juicios) escogería la vía “tradicional”, aunque apoyándola (o contrarrestándola, según el caso) también desde casa.

Pero, por esa parte de consciencia que debe tener tal decisión, me parece importante aclarar ciertos prejuicios o mitos que existen sobre la posibilidad de educar en el hogar.

1) La educación en casa es ilegal.

Más bien, alegal… No está explícitamente permitida por ley (más allá de lo que se entienda por el derecho, constitucionalmente amparado, a la libertad de enseñanza), pero tampoco explícitamente prohibida.

¿Quiere decir esto que puedes hacerlo sin problemas? No te voy a engañar, puede querer decir que puedes hacerlo pese a los problemas. El colegio puede denunciarte por absentismo, y desde los servicios sociales evaluarán la situación. En cuanto se vea que no hay ningún tipo de desatención por tu parte y que, aún en casa, el niño o niña sigue un proceso educativo completo, no suele haber problema. Puede llegar a juicio (aunque no suele pasar) y tendrás que demostrar también ahí que no existe desatención. Puede ser un coñazo, hablando claro, pero lo  peor que podría pasarte (y es muy raro… ya digo que, al final, no suele pasar nada más que el hecho de tener que pasar por el proceso) es tener que volver a escolarizarlo (no te van a quitar la custodia ni nada tan drástico). Para minimizar este tipo de riesgos, principalmente ten en cuenta dos cosas: en primer lugar, avisa al colegio (por escrito, preferiblemente) de que vas a desescolarizarle para educarlo en casa, en lugar de sólo dejar de ir, y, en segundo lugar, busca formas de certificar tu método didáctico (aunque parezca un tontería, puedes escribir una programación didáctica como la que se haría en el colegio… te ayudaría a demostrar el carácter intencional, consciente y responsable de tu decisión y, además, puede serte útil para no perder de vista los objetivos del método que escojas para educar a tus hijos o para organizar vuestro tiempo). Además, aunque las leyes que rigen la escolarización son nacionales, para adelantarte al proceso, y tener quien te asesore, viene bien conocer a alguien que haya pasado por lo mismo en tu zona.

2) Desescolarizar es privar de la socialización

El niño tiene primos, primas, tios, tias, abuelos y abuelas, vecinos, a tus amigos, a los hijos e hijas de tus amigos… Y que se eduque en casa no quiere decir que se quede constantemente encerrado entre sus paredes sin ver la luz del sol…

Hay quien podría decirte que rodeándose mayoritariamente de tu círculo, le privas de conocer realidades sociales diferentes… pero los colegios públicos van por zona, y muchos de los privados sirven precisamente para que los niños vean poco de la realidad… tampoco ahí iba a variar tanto.

Además, en un aula no se socializa demasiado, eso se reduce al tiempo de recreo (media hora al día).

3) Un niño desescolarizado no podrá acceder a los títulos del sistema escolar

Hay varias formas de conseguir los títulos propios del sistema formal. Una de ellas es mediante pruebas de acceso o de consecución del título. Hay pruebas de acceso para mayores de 17 años a grados medios de formación profesional, a partir de los 19 para los superiores, a los 25 para la universidad, o a los 18 puedes (sí, he cambiado a quién me refiero con la segunda persona, pero es que a esa edad ya no deciden los padres) hacer las pruebas para obtener el título de graduado en ESO… Todas esas opciones (lo cual parece hecho para fastidiar, sinceramente) se dan a una edad algo mayor que el acceso a esas mismas oportunidades mediante el proceso institucional (aunque las pruebas de obtención del graduado sí pueden llegar a hacerse a partir de los 16, pero sólo si el estudiante tiene un contrato laboral). Pero también hay vías en las que ni siquiera notarás ese retraso…

La desescolarización no es un proceso sin vuelta atrás. Puedes optar por la desescolarización sólo para una etapa del proceso educativo, por ejemplo, optando por la educación en el hogar sólo durante la educación primaria. Incluso, si, con 15 años, se decide volver a escolarizar a un chico o chica, entrará en el sistema en el año que le corresponde según su edad (4º de ESO, el último año de la educación obligatoria) y podrá terminar el proceso en las mismas condiciones que sus compañeros.

Además, en el caso de la universidad, también podría acceder, si sabe inglés, al sistema británico, mediante pruebas de acceso y, cuando quiera, incorporarse a la universidad española mediante traslado de expediente.

4) La educación en casa sólo funciona en casos ideales. Si mi hijo tiene dificultades, necesita apoyos

La segunda parte de la línea anterior puede ser cierta, y no sólo ante dificultades, pero esos apoyos no sólo pueden encontrarse en el sistema formal. En realidad, puede ser precisamente en casos en los que, por determinadas dificultades, sean académicas, de salud, comportamentales, sociales…, la escolarización en la escuela formal no pueda darle una atención personalizada en el grado en que conviniese. Lo cual no quiere decir que la escuela no vaya a darle atención ninguna, pero sí es probable que, incluso escolarizado, necesite apoyos fuera de la institución.

Eso sí, en cualquier caso, ten en cuenta que educar en casa no es educar sólos… Hay diferentes recursos que están ahí para que los aproveches y lo último que debes hacer es tener miedo a pedir ayuda. Un ejemplo de dónde encontrar esas ayudas está en la Asociación por la Libre Educación.

5) La escuela es gratuita pero educar en casa es caro

Si ya eres padre o madre, tus hijos han entrado en el sistema escolar y has hecho cuentas, ni siquiera tengo que desmontarte este mito. La educación obligatoria es gratuita, los materiales que te exigirán no, y en casa ¿en qué necesitas invertir? Principalmente, en materiales. Sólo que, en casa, los materiales son los que tú escojas, sin que nadie te obligue a comprar la última edición del libro de historia (como si del año anterior a éste hubiese cambiado lo que sabemos de la revolución rusa) porque ha cambiado el color de la portada.


Y no he pretendido decir , en ningún momento, con este artículo que la educación en casa sea mejor que la escuela formal (soy licenciado en Pedagogía y, aunque en este momento no es así, trabajar en ese sistema formal es una opción de futuro para mí, que desempeñaré, en su caso, con total orgullo). Y es obvio que requiere de un gran compromiso (y de tiempo). Cada caso debe estudiarse en su contexto, pero, como decía, la Constitución ampara nuestro derecho a elegir, y la información nos da criterio para saber cómo hacerlo.

En cualquier caso, esto es sólo un breve y, por tanto, impreciso acercamiento al tema, aunque, si como padres os estáis planteando esta opción, recomiendo, en primer lugar, buscar asesoramiento especializado.