El precio del silencio.

Callé.

Me mordí la lengua con tanta fuerza que sentí el sabor metálico de la sangre inundando mi paladar. Mis puños, cerrados, temblaban de manera involuntaria. De hecho, ni siquiera fui consciente del dolor de mis uñas clavándose en mi carne: mi mente estaba totalmente concentrada en no abrir la boca. Ni siquiera podía dejar de apretar los labios, volviéndolos pequeños en mi rostro, tanto que desaparecían presas de una furia contenida…

Alguien podría haberme golpeado en plena cara y aun así ni le hubiese mirado… solo eramos yo y mis labios sellados.

Porque en aquel momento, yo callé. Porque sentía que debía hacerlo.

Callé y aquel silencio me rompió por dentro. Rompió la fina membrana que contenía mi impotencia y mi rabia; aquélla que me hacía contemplar la mayor de las injusticias, y a la vez temer romper ese equilibrio que sabía que existía en mi interior por una buena razón, y es que aquella fina y delgada línea era la que, sencillamente, me impedía coger un puto hacha y destrozar todo a mi paso, por el simple placer de hacer palidecer a quienes sueltan esas enormes y vomitivas gilipolleces por la boca.

Sí, lo reconozco, me callé. No porque tema hacerle daño a nadie, ni porque piense que el mundo está mejor sin mis palabras, sino porque en este mundo todos tienen derecho a opinar.

Oír, de los labios de alguien joven, que es injusto que la pena por maltratar mujeres sea mayor que la aplicable a mujeres que maltratan a hombres, y que por qué no consideran como violencia de genero las muertes de hombres a manos de mujeres… tiene su parte de lógica y mucha razón.

Pero creer que son una tontería todos estos eventos para recordar a las mujeres víctimas de la violencia a manos de sus parejas, y que los hombres siempre tienen todas las de perder… de verdad que me da pena escuchar eso.

Siempre he creído que todo tipo de violencia debe ser condenada, sea a quien sea y venga de la mano que venga. Pero me gustaría que la gente hiciera un poco de memoria; un ejercicio sencillo, si tenemos un ordenador a mano y buscamos las muertes de mujeres a manos de sus parejas desde el año 1999 (por alguna razón, es muy complicado encontrar datos de años anteriores), se puede observar cómo las muertes de mujeres a manos de sus parejas masculinas eran muchas más que las de los hombres a manos de sus parejas femeninas, siendo la diferencia de 54 mujeres a 10 hombres que habían muerto a manos de sus parejas. En el año 2000 fue de 63 mujeres contra los 6 hombres los fallecidos, de manera que la proporción parecía ir a la alza año tras año…

Lo cierto es que me ha costado mucho encontrar los datos exactos desde ese año hasta la actualidad. He buscado en la pagina del Instituto de la mujer, donde únicamente aparecían los datos de las mujeres fallecidas, pero, salvo algún que otro blog de gente indignada por no haber ninguna información de los hombres fallecidos, pocos datos he podido encontrar sobre ello.

Me he puesto en contacto con el Observatorio del Centro General del Poder judicial y éstos, muy amablemente, me han facilitado un mail al que escribir. Sin embargo, como bien me ha asegurado mi interlocutor, no sabía si disponían de esa información. La cuenta de correo, por cierto, no existía y mi petición cayó en el limbo de los mensajes perdidos de mi cuenta de GMail.

En ese momento, decidí buscar las estadísticas por mi cuenta, pero, por desgracia, sólo he terminado más confundida aún que cuando empecé a buscar. Sencillamente, porque el Ministerio del Interior daba unos datos, el Instituto de la mujer otros y el Poder Judicial otros… y aún así, dependiendo de la página que miraras, ni los números provenientes de las mismas fuentes coincidían.

En ese momento, me interesé en por qué los datos no coincidían, y topé con algunos posts donde denunciaban públicamente que los datos y estadísticas publicados eran falsos y que estaban manipulados de manera interesada. Algunos dicen que con el fin de justificar una financiación desmedida en favor de proyectos y asociaciones orientados a la lucha contra la violencia contra la mujer, y otros que para hacer una clara publicidad en busca del voto femenino, donde sindicatos y partidos políticos han sacado un buen pellizco promocionando este tipo de políticas.

Sin embargo, aunque realmente los datos no cuadraran, el hecho es que solo había encontrado meras opiniones, así que decidí buscar razones y no teorías del por qué. Tras una ardua investigación, empecé a comprenderlo: por lo visto todo depende del baremo aplicado… Algo que se supone que debía ser muy sencillo, personas muertas a manos de sus parejas, se complica al cambiar el criterio que los contabiliza. Primero, porque el Ministerio del Interior diferenciaba los hombres y mujeres muertos en el ámbito familiar sin importar a manos de quién, aunque luego especificaban si era a manos de sus cónyuges u otros familiares, y, claro está, si sus cónyuges eran hombres o mujeres. Pero luego, por lo visto, ampliaron el concepto de cónyuges a también las ex parejas, ex maridos, parejas de hecho y demás relaciones sentimentales, aunque aún diferenciaban entre si eran parejas masculinas o femeninas.

Finalmente, el Ministerio del Interior desapareció como fuente y fue el Observatorio del Consejo General del Poder Judicial quien ofrecía los únicos datos disponibles. Éste cambió nuevamente los criterios y sólo contabilizaban a partir del 2006 las mujeres fallecidas a manos de sus parejas o ex parejas, en el más amplio sentido de la relación.

Sin embargo, las muertes de hombres seguían ocurriendo, a veces a manos de mujeres y otras a manos de otros hombres, pero éstas ya no cuentan….

Y no lo entiendo.

¿De verdad no cuenta una muerte? ¿Acaso no importa? Esas preguntas me atormentaban, y decidí volver a ponerme en contacto con alguien del Consejo General del Poder Judicial y exponerle mis dudas. Finalmente, por casualidad, y con mucha suerte, logré ponerme en contacto con una persona del departamento de Prensa del Poder Judicial, que como coincidencia, estaba al tanto del funcionamiento de la pagina web http://www.poderjudicial.es y me aclaró muchas dudas y puntos importantes que creo que la gente desconoce.

La primera de todas es que los datos entre un organismo y otro no coinciden porque los datos que barajaban en el Ministerio del interior eran datos de casos sin procesar, es decir, que incluían todas aquellas muertes que se conocían habían sido a manos de sus parejas, incluyendo, como expliqué antes, todos los casos dentro de lo que es violencia dentro del ámbito familiar. Sin embargo, una vez se creó el organismo del Observatorio del Consejo General del Poder Judicial, sólo se expusieron en las estadísticas los datos de los casos que habían sido procesados judicialmente, de manera que sólo en los casos donde había una condena por asesinato u homicidio eran contabilizados.

También me aclararon que en la página se organizan las estadísticas por año y que diferencian de manera muy clara los tipos de homicidios y/o asesinatos, no sólo por los tramos de edad y nacionalidad, tanto de las victimas como de los autores de los hechos, como se puede ver en este ejemplo del año 2011.

Además, hacen una clara distinción por el género, dado que se considera Muerte por Violencia de Género, sólo cuando las victimas eran mujeres y los autores hombres, tipificando el resto de muertes, hombres a manos de hombres, hombres a manos de mujeres y mujeres a manos de mujeres como Violencia Doméstica, como es el caso del actor Koldo Losada, que será registrado como Violencia Domestica en las estadísticas del próximo semestre.

Para muchos, puede que no tenga ningún sentido esta diferenciación entre hombres y mujeres; puede incluso que muchos tachen esta diferencia como una muestra más de la existencia de una discriminación feminista, de la que muchos medios se han hecho eco; sin embargo, yo no dejo de pensar que 54 mujeres muertas a manos de sus parejas son muchas muertes.

Recordemos la indignación al escuchar casos estremecedores como el de Ana Orantes que, tras asistir a un programa de Canal Sur para contar los 40 años de palizas que había sufrido por parte de su marido, fue quemada viva en el patio de su casa el 4 de diciembre de 1997. Llevaban dos años separados, pero la sentencia de divorcio impuso que compartieran la misma casa: ella y sus dos hijos arriba; él abajo. Ana había interpuesto ni más ni menos que 15 denuncias por malos tratos, y, aún así, un juez dictaminó que vivieran juntos. 15 denuncias que no le sirvieron para nada.

Casos como esos hicieron que se crearan medidas extraordinarias, además de organismos, asociaciones, teléfonos de ayuda y también que se crearan leyes específicas para proteger a quienes en esos momentos estaban desprotegidas. Las muertes de las mujeres a manos de sus parejas alcanzaron cifras en proporciones escandalosas. El número de muertes anuales solo eran comparables con los datos de accidentes de trafico o con los del virus de la gripe A (y algunos años incluso los supera).

Puede que haya quien tilde esa diferencia de injusta, pero también es injusto morir a manos de la persona a quien amas y en quien confías, por sus celos, por su obsesión de control, por su necesidad de castigar el hecho de que respires sin que te haya dado permiso para hacerlo….

Y muchas han callado, no 40 años, sino toda la vida, e incluso han muerto con esa pena.

Si existen todas estas medidas, es para que nadie más piense que callarse es más seguro que gritar “basta ya”.

Para que las mujeres se sientan fuertes al menos durante el proceso judicial… o al menos mujeres.

Y sí, puede que mi opinión no sea muy imparcial, porque soy mujer, una mujer fuerte y valiente, aunque esté mal que yo lo diga… pero que una vez también fue una jovencita de 17 años que se enamoró perdidamente, y que pensaba que por amor, una debe hacerlo todo y a veces eso incluía callar la violencia con la que mi primer novio me trataba.

Basta ya de callar, basta ya de morderse la lengua….

Basta ya de hacer demagogia comparando el número de muertes de unos y de otros como si esto fuera un arma arrojadiza.

¡¡¡¡Basta ya¡¡¡¡

Que más da cómo lo llamen o cómo lo tipifiquen, que más da que sea una mujer o un hombre, sea un gay o una lesbiana, sea lo que sea, que más da el genero del autor o de la victima, una muerte siempre es una muerte.

No son números, son personas.

Basta ya de violencia, porque ante la violencia, que más da el género.

 

1 Comentario

  1. Espero que esto te sirva:

    Informe sobre víctimas mortales de la violencia de género y de la violencia doméstica en el ámbito de la pareja o ex pareja en 2011 del Observatorio contra la violencia doméstica y de género.
    Página 8:
    “El número de mujeres a las que se ha privado de su derecho a la vida presuntamente por
    parte de sus parejas o ex parejas masculinas a lo largo de 2011, según los datos
    provenientes de la instrucción judicial a la fecha del informe, asciende a 62”
    Pagina 87
    “El número de hombres que han perdido la vida presuntamente a manos de sus parejas o
    ex parejas a lo largo de 2011, según los datos provenientes del Ministerio del Interior y
    de la instrucción judicial a la fecha del informe, asciende a 7 al igual que en el año
    2010. Las muertes fueron causadas presuntamente por 5 mujeres y 2 varones”
    Quizás la razón de falta de información está en los recortes presupuestarios no?

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