Las emociones son contagiosas… Nos volvemos más positivos cuando nos rodeamos de estímulos positivos y más negativos si así son los estímulos que nos rodean.

Facebook ha participado en una investigación al respecto y ha probado que esto es así, pero no sólo por los resultados de dicha investigación, sino por lo contagioso de la indignación ante sus métodos…

Recientemente la Universidad de Princeton ha publicado los resultados de una investigación llevada a cabo a través de la conocida red social  sobre esto del contagio emocional.

Soy el primero en entender que, una vez firmo las condiciones de un servicio como el de facebook, las acepto, y que, en caso de que no me gusten, no debo firmarlas… Y una de esas normas, referida al uso de datos, dice: “podemos utilizar la información que recibimos sobre ti […] para operaciones internas, incluidos la solución de problemas, el análisis de datos, la investigación, el desarrollo y la mejora del servicio.”

… “la información que recibimos sobre tí” …

La recepción es un proceso pasivo, que consiste meramente en recoger lo que otro te entrega, sin ejercer sobre aquello que se recoge ningún tipo de manipulación. Por tanto, aunque entendiese que pudiese resultar molesto, no consideraría reclamable que, en las condiciones que impone esa política de uso de datos (habiendo eliminado el nombre u otros datos identificativos), se compartiesen datos recogidos de esa forma pasiva para una investigación de psicología social.

Pero esto no ha sido así. Facebook no se ha limitado a recoger información, sino que lo ha hecho de forma experimental, es decir, manipulando las variables que influyen en el tipo de información que se recibe.

Del 11 al 18 de enero de 2012 (Facebook ha llegado a poner como excusa la brevedad del proceso, aunque esa es una excusa tan insustancial y hasta infantil, que no merece ser rebatida con gran extensión), las publicaciones de la página de noticias de casi 700.000 usuarios de habla inglesa fueron flitradas en base a determinadas palabras clave, como amor, bello o dulce, en el lado positivo, o antípatico, malo o dolor en el contrario, de tal forma que se priorizasen los de uno u otro signo.

De esta forma, se pudo observar que las personas sobreexpuestas a estímulos positivos se “contagiaban” de ese sentimiento, volviéndose más positivas también sus publicaciones, de igual manera que influían los estímulos del otro signo, haciendo más negativa la actitud mostrada por los sujetos experimentales…

Sujetos experimentales ante los cuales no se han respetado los más básicos principios de la experimentación con seres humanos, como el del consentimiento informado, que supone la necesaria voluntariedad, tras ser debidamente informados sobre objetivos, métodos…, para su participación en el experimento.

Facebook se ha justificado en sus nobles motivos (“Nosotros hacemos investigaciones para mejorar nuestros servicios y una gran parte es comprender cómo las personas responden a diferentes contenidos positivos o negativos“) o, como decía, en la brevedad del experimento, y, por su parte, Susan Fisk, de la Universidad de Princeton, invitó desde The Atlantic a que los usuarios de Facebook exigiesen a la red social (y no a la universidad) que respondiese a sus preocupaciones…

Parece fácil, por lo que veo en otras publicaciones, demonizar a Mark Zuckerberg, y, desde luego, ninguna de sus excusas sirven en este caso para justificar los actos de su empresa, pero, antes de excluir a Princeton de cualquier protesta. me gustaría poder recordarle a Susan Fisk otro de esos principios de la experimentación que mencionaba antes, referido a la responsabilidad del investigador: “Cada investigador es responsable individualmente de que la práctica investigadora en la que participa sea ajustada a la legalidad y a los principios éticos que rigen la investigación científica con sujetos humanos.”