Si alguno de nuestros instintos nos parece positivo lo llamaremos “natural”, pero si se trata de algo que consideramos evitable, será “incivilizado”. Una persona puede considerarse a sí misma sincera y directa, pero resultar ante quienes la rodean un tanto agresiva y desagradable… Muchas veces las cosas son para nosotros como decidimos llamarlas, pero, profesionalmente, ¿es suficiente adjudicarse un título para ser valorado como profesional?. En algunos casos, hay personas que parecen creer que sí.

En los últimos tiempos se han desarrollado relativamente nuevas profesiones que, mientras para muchos son una evolución de la que ya era su profesión, adaptándose a las nuevas necesidades del mercado, para otros son una oportunidad de vender humo a una empresa que aún no sabe distinguir la profesionalidad en estos servicios. Community managers, coaches o empresas dedicadas a la formación bonificada son algunos ejemplos de actividades en las que muchas empresas aún no tienen herramientas para juzgar la calidad de sus servicios. Y ¿cómo pueden hacerlo?

Una de las razones por las que no resulta fácil juzgar la profesionalidad en estos sectores es por la dificultad de medir sus beneficios de forma exacta. Pero una cosa es no poder aportar unas cifras exactas como un compromiso de eficacia, y otra muy diferente es no mencionar ningún beneficio más específico que “más” o “mejor”. Un community manager, por ejemplo, no puede prometerte un número de fans en redes sociales, ni puede calcular de forma exacta e inequívoca cuál será el reflejo de conseguir esos seguidores en las ventas, pero sí aportará datos de experiencias previas, una descripción del mercado y, claro está, porque no lo que brilla más es necesariamente lo más valioso, un análisis de riesgos y datos de inversión. Un community manager no es una persona que te promete conseguir muchos likes en facebook y ya. Si lo que quieres es eso, sin más, contrata a una chica que cuelgue fotos de sí misma en el ángulo adecuado (desde arriba, para más senos señas)…

Otra consecuencia de que estas profesiones aún sean desconocidas para muchos es no saber demasiado sobre sus métodos, pero eso no quiere decir que no los tengan. Si contratas a un coach que potencie la motivación de tu equipo, lo primero que debes saber es cómo lo hará. Cierto que necesitará adaptar sus métodos a las características de tu empresa, pero existen unas fases, unos procesos, unas actividades que deberá describirte. Y no vale con una explicación breve y abstracta, en plan “En el coaching hay 5 fases: observación, toma de conciencia, determinación de objetivos, actuación y medición” sin explicación ninguna de en qué consiste cada una de ellas. Eso viene en la wikipedia…

Y hablaba de la dificultad de calcular los beneficios o de describir de forma muy exacta los métodos, dada la necesaria adaptación a la empresa para la que se presta el servicio. Pero esa capacidad de adaptación también es, en sí misma, un indicador de calidad. Un “asesor de formación” que te da un catálogo con un montón de cursos (la mayoría de los cuales no tienen ninguna relación con el sector de tu actividad), todos ellos, independientemente de que estén acompañados de coletillas como “básico” o “avanzado”, con el mismo precio (420€, es decir, lo máximo que puede bonificarse una empresa pequeña), no te está asesorando. De hecho, este sector, sin ser tan nuevo, se ve especialmente afectado por aquello de los oportunismos. Muchas de estas empresas lo que te venden por esos 420€ es un libro. El comercial, al que sólo pagan por lo que vende y al que, por tanto, no se molestan en exigir ningún tipo de requisito ni dar, paradójicamente, ningún tipo de formación, te ofrece el catálogo, te lleva el libro y, después de rellenar un cuestionario que demuestre que el alumno se lo ha leido, aunque sea parcialmente, te da el título. Es decir, que la persona con la que estás en contacto durante todo el proceso no tiene ni idea de lo que te está hablando…

Por último, está la facilidad de caer en las “ofertas”. No es que necesariamente lo más caro sea mejor (puestos a echarle morro, hay quien le echa mucho…), pero no podemos dejarnos deslumbrar por lo que parece una inversión pequeña. Cualquier inversión que no te dé beneficios reales es grande, así como cualquiera que te dé muchos más beneficios que lo invertido, es pequeña. Por ejemplo, en el caso de la formación bonificada, la frase con la que inicia la conversación el comercial es muy tentadora: “es gratis”. No es exacto. La empresa de formación cobra por su trabajo y tu empresa lo paga. Lo que pasa es que, por decirlo de alguna manera, ya lo has pagado, lo aproveches o no. En los impuestos que paga cada empresa hay una parte que corresponde a la formación y, cuando quieres hacer un curso, te lo devuelven para que lo pagues. No puedes hacer uso de ese dinero para otra cosa que no sea la formación, y por eso vale la pena aprovecharlo cada año, pero no deja de ser una inversión, y lo que merece la pena es aprovecharlo en una formación de calidad.

Nada de esto quiere decir que estos profesionales no tengan valor.  Cuidar la reputación online de tu empresa es fundamental, como también lo es preocuparte de la motivación de tus empleados, así como, por supuesto, de su formación, y estos profesionales, siempre que realmente lo sean, pueden ayudarte mucho en esos campos. Sólo hay que saber distinguirlos…