Los siguientes meses fueron duros. Mucho trabajo y a mí me tocó encargarme de papeleo, licencias, pedidos, obras, etc.

Los ahorros que pudiésemos tener los invertimos en la sala, así que el primer paso era pluriemplearse: Rebeca empezó a trabajar en un parque infantil, Renata puso un puesto de venta de bisutería artesanal, tipo hippie, le pedí a Joel (por cierto, ¿os he dicho ya que está muy follable?) que metiera a Ruth a trabajar como comercial en su empresa, y yo me dedicaba a la asesoría fiscal a particulares… Ese trabajo sólo es estresante en las dos semanas previas a que termine el plazo de presentación de declaraciones, así que me tocó preparar todo lo que tuviese que ver con la sala… incluido ponerle nombre.

No sé a quién tuvo que tirarse (es un decir… supongo), pero Rebeca consiguió muy buenas condiciones para el alquiler del local, aun siendo enorme: dos plantas, la de abajo para los conciertos (con su propia barra), con un aforo máximo de unas 3000 personas (modular) y en la de arriba un bar, los camerinos (con una escalera de acceso directo al escenario), el almacén y cinco dormitorios…

Sí, dormitorios. Nos sobraba espacio y pensamos que era una buena inversión alquilar hospedaje por horas a quien hubiese bebido mucho para conducir o a jóvenes que viviesen con sus padres (o no tan jóvenes, y siendo la pareja en cuestión los padres… no necesariamente de los mismos hijos) y no tuviesen mejor lugar donde intimar.

Teníamos hasta un nombre para cada sección, coincidiendo con los nuestros: el bar era Ruth, la sala de espectáculos (no sólo queríamos hacer conciertos), Renata, los camerinos, cómo no, Rebeca (la reina del backstage) y el “hostal” era Rita… Un poco contradictorio, dada nuestra vida sexual, ya que en realidad yo soy la que menos hace y, sin embargo, en el local, en “Rita” es donde hay más sexo…

Y, bueno, en las dos plantas había baños y también tenían su nombre… pero eso es otra historia.

No fue fácil conseguir licencia para un local tan completito, y tuvimos algunos problemas en el camino (por ejemplo, a la hora de hacer la reforma, cometimos un pequeño error por el cual dos de las habitaciones estaban conectadas entre sí por una puerta, claro está, con cerradura… Pensamos que podía ser incluso útil en caso de alojarse un grupo y lo dejamos así…), pero al final todo salió y llegó un momento en el que lo único que faltaba era encargar el letrero… con un nombre aún por definir…

Pensé en llamarlo “las rameras”… Sonaba bien en mi cabeza, pero en cuánto lo dije en alto me di cuenta de que, para un local con dormitorios llamado así, no sabía muy bien qué licencia tenía que pedir de más… Luego pensé en “4R”, pero me recordaba demasiado a una serie de brujas pijas… Teníamos una broma personal por algo que le oímos a un freak hablando de “juego de tronos” o algo así, por la que usábamos a veces la expresión “a putear a villa topo”, y “Villa Topo” se me antojó una posibilidad, pero sonaba a eso: a freak… De ahí, salió “La Madriguera”… no estaba tan mal, pero simplemente no me gustaba (bueno, tampoco tengo que tener una razón retorcida para todo)… También estaba la posibilidad de ponerle un nombre relacionado con la decoración: basada principalmente en clásicos del cine, pero “Casablanca” está muy visto y ya no tenía fuerzas (ni tiempo) para pensar más…

Por fin se me ocurrió algo… Pensé que el inglés lo disimula todo y al final podría llamarlo “rameras” si elegía como nombre “Harlots”… aunque por aquí pasan muchos guiris, así que, disimulando un poco más, construí un extraño juego de palabras (sí, me encantan los juegos de palabras, son mi segundo tipo de juego favorito) y llamarlo “The Hard Louts” (algo así como “los gamberros duros”).

Renata me dijo que a ella todo lo que fuera “duro” le gustaba y yo ya no tenía más ganas de pensar… así que ya estaba… pero era tan raro… pero había que decidir… pero… Bueno, a falta de otra cosa, no había más que hablar.

La misma noche en que tomé esa decisión, me permití relajarme por primera vez en meses… Preparé unas palomitas, descargué un clásico del cine de mi actriz favorita (Audrey Hepburn) y me tumbé en el sofá…

El escenario más repetido en la película era un hotel… Los dos protagonistas se alojaban en habitaciones contiguas separadas entre sí por una puerta…

En una de las escenas de más tensión, el protagonista tiene una pelea con un hombre con un garfio por mano… La pelea transcurre en la azotea del “American Express” (París) y ese garfio, en un momento dado, llega a clavarse en una de las letras del cartel luminoso, dejándola fundida: una R…

Abrimos una semana después: “LA CHARADE” Sala de Fiestas / Hostal

Pero, aún tenía otro reto que superar en esos meses: vivir con Ruth…