Ésta, sin duda, es una entrada sin demasiado sentido, una reflexión un tanto absurda, una ida de pinza, dicho vulgarmente, pero no se llama así por eso…

En youtube (¿tendría aún que explicarle a alguien qué es “youtube”?), aparte de videos musicales o de gatitos, hay Vlogs (es decir, blogs, como este, pero en video), muchos de ellos de humor, en los que un chaval o chavala (gente joven habitualmente) expresa algún pensamiento (sin una línea temática concreta) o monta un sketch, normalmente, de forma bastante natural (aunque quizás esté definiendo más la tendencia en los que yo veo, que la real).

Esos vloggers o youtubers, muchas veces, hacen colaboraciones entre ellos o comparten ciertos tags (mira que sé poco inglés, y lo mucho que tengo que usarlo).

Un tag, realmente, es una etiqueta, una palabra (o unión de unas pocas palabras) que identifica un contenido (debajo de este mismo artículo podéis ver algunos, como “youtube” o “vlog”) y, por tanto, sirven para establecer relaciones con otros artículos que también traten sobre esos mismos contenidos. En youtube se usa más como una especie de cadena (respondo, por ejemplo, a un cuestionario e invito a otros vloggers a que hagan lo mismo). De esta forma, se ayudan unos a otros a darse a conocer, dado que, cuando ves un video en esa plataforma, te salen unas sugerencias de contenidos similares y, obviamente, compartir el mismo título resulta una similitud muy obvia.

Muy divulgativo todo esto (espero que os haya resultado útil… si empezáis con una canal de youtube, ya sabéis cuál debe ser una de las estrategias para posicionarse…), pero aún no he explicado el título de esta entrada…

Uno de esos tags es el “Crazy Random Tag“, nombre super cool donde los haya (en serio, con lo bonito que es el castellano…) que no se refiere a más que a responder las preguntas de un cuestionario más bien tonto, pero que puede quedar simpático, si quién lo responda tiene, por si mismo, esa simpatía.

Una de esas preguntas es “Si tuvieras que vivir con sólo 4 de los 5 sentidos, ¿de cuál prescindirías?” (de ahí el título… misterio resuelto).

Casi todo el mundo dice el olfato, pero a mí se me ha antojado pensar, dada mi decisión al respecto, ¿cómo sería un mundo sin gusto? (y digo sin gusto, no con mal gusto… eso ya existe… Kiko Rivera vende discos, Belén Esteban vende libros…).

Lo primero es que el olfato es necesario: nuestra memoria olfativa es maravillosa (recordamos muchas cosas a través de los olores) y hasta puede salvarnos la vida (¿habéis escuchado a alguien decir “¡cuidado! aquí sabe a gas”… no). Pero además, un mundo sin gusto sería maravilloso. Todos sanos y con buena figura. Imaginadlo…

– ¿Quieres un brownie [o un bizcocho de chocolate… tanto inglés ya me tiene harto] con dulce de leche y nata montada?

– No, gracias. No voy a notar el sabor, así que ponme una coliflor… cruda, sin sal siquiera.

Y así, queridos míos, son las reflexiones de alguien que ha ganado peso en los últimos meses… Ahora me toca pensar si apuntarme a un gimnasio o arrancarme la lengua…