Hace poco estaba con unos amigos en un bar especializado en gintonics. Yo pedí un mojito. No me entusiasma la ginebra y me da hasta cierto asquete la tónica. Estaban elogiando el maravilloso sabor afrutado de una ginebra en particular y me invitaron insistentemente a probarla. Mi cara fue la de un bebé chupando un limón… «Es que tienes que acostumbrar el paladar. El primer cigarro que te fumaste tampoco te sabría bien…» El primer cigarro que me fumé apenas lo recuerdo, porque tenía 15 años, además de ser imbécil y creerme super guay. Perdón por la expresión, pero tengo los huevos muy negros como para pensar que acostumbrarme al sabor de una bebida alcohólica sea una necesidad vital. [...]